Gladys nunca se sentía bien. Le era difícil caminar y concentrarse.
Había perdido el entusiasmo por la vida. Poco a poco había ido perdiendo
a Elvis, y reemplazaba esa soledad con el alcohol y pastillas para
adelgazar.
El viernes 8, Elvis interrumpió su adiestramiento
militar y acompañó a Gladys a la estación de Kileen, Texas, para que
volviera a Graceland y a su médico de cabecera. Se le diagnosticó
hepatitis, y fue internada inmediatamente en el Hospital Metodista de
Memphis.
A los 3 días, Elvis fue llamado de urgencia.
Pidió y obtuvo una licencia, tomando un avión que llegó en la noche del
martes 12 a Memphis, donde se turnó con Vernon para estar al lado de
Gladys.
El miércoles 13, Elvis, exhausto, se retiró a descansar a Graceland.
A las 3 de la mañana del jueves, Vernon estaba en el hospital cuando llegó el desenlace.
El 14 de Agosto de 1958 se produjo la catástrofe más grande en la vida
de Elvis, y de la que nunca se recuperaría. La muerte de su madre,
Gladys Love Smith Presley.
Elvis llegó al hospital en unos pocos
minutos y se arrodilló frente a la cama, estaba destrozado,
desconsolado. Tocaba el cuerpo de su madre una y otra vez hasta que los
empleados del hospital tuvieron que pedirle que se contuviera hasta que
llegara el coche fúnebre...
Elvis: "…ella era la razón de mi
vida, siempre fue mi chica favorita, cuando mamá se sentía mal, nos
desvivíamos para aliviarla... ahora se ha acabado"...
Por la
noche Elvis no dejaba de hablar del cuerpo, y decía que no iba a dejar
que nadie se lo llevara. Lo convencieron de que debía dejar que su madre
se fuera. Llegado a ese punto, el Coronel se deshizo de todos los
rezagados y el Dr. Clarke le administró un sedante a Elvis. El servicio
de la Funeraria de Memphis fué a buscar el cuerpo mientras Elvis dormía.
Durante el funeral, los Blackwood Brothers, el cuarteto Gospel
preferido de Gladys, empezaron a cantar. Cuando el servicio empezó, casi
trescientas mil personas habían visto el cuerpo y afuera había 65
policías para controlar la multitud. La capilla se llenó completamente,
en el vestíbulo de 300 personas. Elvis estuvo por desmayarse varias
veces y no hacía más que llorar.
Cuando terminó el servicio y la
gente que les había dado el pésame ya había salido, Elvis se inclinó
sobre el ataúd y susurró: "…mamá, daría cada centavo que tengo y
volvería a cavar zanjas sólo para volver a tenerte entre nosotros".
Elvis lloraba histéricamente.
En el cementerio Elvis mantuvo la
compostura un poco mejor hasta que, hacia el final de la ceremonia,
estalló en lágrimas incontrolables y se inclinó sobre el ataúd llorando:
"Adiós querida mamá, adiós. Te quiero tanto, sabes que he vivido toda
mi vida por ti". Cuatro amigos lo arrastraron hasta la limusina: "Dios
mio! todo lo que tenía se ha ido!" gritaba.
Luego de esta pérdida
él tuvo que volver al servicio militar en Alemania y durante el resto
de su corta y depresiva vida tuvo que seguir porque muchos dependían de
él y además él ayudaba a muchos cada día de diversas formas y el dinero
lo ayudaba aún más, él no quería el dinero para él, lo quería para los
demás.
Impetuosidad e impulsividad eran parte de la personalidad
de Gladys. No entendía de moderación o medias tintas. Ni siquiera sabía
como preservarse ella misma. Refiriéndose a su casamiento, decía Gladys:
…nos escapamos como unos chiquillos…”. Y así era. Ella no se sentía
como una mujer de 21 años, sino como una niña.
Y ése es un rasgo que Elvis heredaría.
Fuente: CLAUDIA LEÓN / ELVIS PRESLEY – El Hijo de América